24 Oct. 2020 | 09:32
24 Oct. 2020 | 09:32
Opinión

Dólar, crisis económica y Presupuesto 2021: Malas noticias y esperanza

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  • Para el autor es el momento de revisión y de ampliar las bases político-sociales de sustentación del Gobierno nacional para asir con firmeza y justicia el tiempo de la recuperación económica.

    Guzmán al presentar e informar sobre el Presupuesto 2021 ante Diputados de la Nación.
    Guzmán al presentar e informar sobre el Presupuesto 2021 ante Diputados de la Nación.

    La caída de la economía real

    Esta semana se conoció que la contracción interanual de la economía correspondiente al segundo trimestre alcanzó el récord del -19,1 %, superando la caída en igual período del año 2002, que llegó al -13,5 % tras la crisis del 2001. La tasa de desempleo abierto fue de 13,1 %, guarismo que no se veía desde el 2004. El pronóstico de baja del PIB para este año contenido en el proyecto de Ley de Presupuesto 2021 presentado oficialmente por el ministro Martín Guzmán esta semana es del -12,1 %. 

    Es también mayor al derrumbe interanual de la economía de Brasil amortiguado por el pragmático giro fiscal expansivo de Jair Bolsonaro -descripto en una columna anterior- que fue del -11,4 % (IBGE) y con una estimación de baja anual para el 2020 que rondaría el -7 %. La economía de México, por su parte, presenta un descenso interanual en el segundo trimestre del -18,7 % (INEGI) y el proyecto de Paquete Económico 2021 presentado por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público prevé la reducción del PIB en el 2020 en -8 %, aunque algunas consultoras privadas lo sitúan en el -10 %. El promedio de contracción de la economía latinoamericana informado por las predicciones del Banco Mundial en agosto es del -7,2 %.

    Si bien falta ver la evolución del último trimestre del año, el comportamiento de las economías de mayor tamaño de la región y el pronóstico promedio de Latinoamérica reflejan que la “performance” económica argentina no es buena.

    Desde esta columna mostramos optimismo con dos elementos que evaluábamos centrales en la política económica del Gobierno para enfrentar la pandemia global:

    ---) La reestructuración de la deuda pública heredada, con la evidencia histórica que un programa financiero sustentable a mediano plazo crea certidumbres en los agentes económicos para impulsar decisiones de producción y consumo en forma más o menos rápida.

    ---) El paquete de estímulos fiscales destinado a sostener ingresos de trabajadores informales (IFE), trabajadores formales (ATP) y el apoyo crediticio para asegurar la continuidad de empresas micro, pequeñas y medianas.

    El programa financiero no tuvo aún el impacto favorable en los decisores económicos y el conjunto de incentivos fiscales fue insuficiente para atemperar los impactos de la crisis. Sin duda, el optimismo inicial debe dar paso a una revisión del curso de los acontecimientos y reevaluar la situación. Un indicador es lo que ocurre en el frente externo.

    El frente externo

    El Banco Central decidió restringir la compra de dólares para ahorro en el mercado minorista y tardíamente frenar el pago de deudas privadas con el exterior accediendo al mercado oficial de cambios. También afinó la regulación del mercado cambiario alternativo “contado con liquidación”. Estas decisiones opacaron, al superponerse en el tiempo, la buena noticia que significaba la presentación del proyecto de Presupuesto 2021 con una tasa de recuperación de la actividad para el año próximo de 5,5 % y los beneficios en las expectativas que se crean cuando el documento muestra un sendero de orden macroeconómico consistente. 

    Al margen de la inoportunidad en materia de noticias económicas del anuncio, nuevamente aquí emergen dos elementos que constituyen solvencia externa y que no se traducen en calma cambiaria:

    ---) El cierre del programa financiero de deuda pública que despejó vencimientos importantes a corto plazo y, consecuentemente, la salida de divisas por esa vía.

    ---) El superávit sostenido de la balanza comercial del balance de pagos externo, que el proyecto de Presupuesto 2021 estima en u$s 17.260 millones para el 2020 y u$s 15.087 millones para el 2021.

    A pesar de esos buenos pilares del sector externo, excedente de dólares comerciales y postergación de pagos financieros, la tensión cambiaria de estas semanas obligó al Banco Central a limitar la venta los u$s 200 en el mercado minorista de cambios.

    Desde esta columna afirmamos con preocupación que el saldo favorable de divisas del comercio exterior no se reflejaba en un aumento de las reservas internacionales del Banco Central, preocupación que se agudizaba al tratarse del primer semestre del año, período de liquidación de dólares de las exportaciones agropecuarias. De hecho, los informes mensuales sobre el mercado de cambios emitidos por el Ente Rector marcaban en sus resúmenes ejecutivos la baja, respecto del año anterior, en el ingreso de divisas en el rubro “Oleaginosas y Cereales”.

    El otro factor que debe ser revisado es la liquidez que otorga el denominado “swap de monedas” celebrado con China, que equivale a un máximo de u$s 18.600 millones pero que al momento de aplicar la cláusula que permite convertir los yuanes en dólares de libre disponibilidad se encontraron límites político-técnicos ante el impacto geopolítico que implica monetizar yuanes como divisa con poder cancelatorio universal en el continente y la posible baja de cotización en los mercados mundiales de la moneda china si el volumen ofertado era muy relevante. Un hecho que pone en debate la inserción internacional de la Argentina.

    El 19 de septiembre en el diario especializado Ámbito Financiero, el vicepresidente del BCRA, Sergio Woyecheszen, dio a conocer que las reservas que puede utilizar el Banco Central para atender las necesidades de la producción y de la estabilidad financiera, alcanzan a los u$s 8.000 millones.

    Nuevamente, al igual que en el cuadro que presenta la economía real, es necesario reelaborar las políticas seguidas en el frente externo, porque las condiciones necesarias para la solvencia no se evidenciaron como suficientes para estabilizarlo.

    Esperanza

    El ministro Guzmán ha presentado un proyecto de Presupuesto para el año próximo que denominó de transición, dejando atrás una economía de especulación para avanzar hacia un sistema sostenido de producción y consumo. El documento contiene, como se señaló, un orden macroeconómico externo y fiscal indispensable para el crecimiento, con paulatina estabilidad de las variables y un fuerte programa de inversión pública que, de cumplirse, permitirá una recuperación mucho más potente que la prevista inicialmente. La economía va a crecer con este esquema y, además, la posibilidad cierta de contar con la vacuna en el primer trimestre del año concluirá por esfumar los aspectos negativos de la pandemia global.

    Ahora bien, hay que transcurrir un semestre hasta el despliegue completo de las previsiones presupuestarias, y ese tiempo le exige al Gobierno balancear adecuadamente lo ocurrido hasta ahora y replantear políticas.

    No alcanza con estímulos a la demanda sino se interviene en la oferta. En la Argentina actúan 120.000 empresas medianas que movilizan los recursos nacionales. Hay que abandonar intentos de diálogos con cúpulas desestabilizadoras y avanzar en consensos sobre como acompañar los planes de negocios de ese sector empresarial mediano. La suba proyectada de los precios internacionales de alimentos constituye una oportunidad importante, pero también debe actuarse con decisión en el frente externo, tanto para delinear una inserción internacional consistente con los intereses nacionales como para acordar con los sectores agropecuarios que correctamente están interpretando la situación mundial. Algunos de ellos han decidido nuclearse en Consejo Agroindustrial Argentino.

    Es momento de revisión y de ampliar las bases político-sociales de sustentación del Gobierno para asir con firmeza y justicia el tiempo de la recuperación.-

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