26 Jul. 2017 | 15:45
26 Jul. 2017 | 15:45
Entrevista

Cuando la mitad de la trama de “Friends” sucumbía con un llamado al celular…

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  • Tomás Balmaceda, el Nike Feraldy de los ministros de Cultura, se embarcó en la tarea de revisitar los 90 en la Argentina. Tras las indagaciones y los diálogos con algunos protagonistas, publicó un pormenorizado repaso de los sucesos, tendencias y personajes que cincelaron esa década que amamos odiar.

    Mirando “fotis”.
    Mirando “fotis”.

    CAPITAL FEDERAL (ANDigital) Con la explosión socioeconómica de 2001, murieron los 90 en la Argentina. Apenas tres meses antes de eso, había quedado sepultada una era global con el atentado a las Torres Gemelas en los Estados Unidos.

    Hoy por hoy, con un ritmo de vida surcado las nuevas tecnologías, nuestra reciente historia contemporánea pareciera haber pasado a ser de la edad media. “Sin esas redes había otras libertades. La mitad de los capítulos de Friends se solucionaban con un llamado de celular. No estaba Internet, ni la mensajería instantánea, no estaba el ‘¿En qué bar estás?’ o el ‘yendo’ para solucionar malos entendidos”.

    Con este ejemplo concreto, el filósofo, docente universitario y periodista especializado en nuevas tendencias Tomás Balmaceda grafica parte de los cambios de hábitos.

    Y puntualiza: “es caprichoso decir cuándo arranca y cuándo termina una década. En nuestro país en 1990 y 1991 todavía había alta inflación, levantamientos militares, cuestiones más vinculadas a los 80 que a los 90. Por eso creo que con la convertibilidad, en 1992, se naturaliza más el inicio”.

    “A la distancia se puede ver como una bomba de tiempo, cada año que pasaba había más excluidos y la demonización de los 90 tiene que ver con esa explosión final de 2001 y ahí empezamos a reflexionar sobre corrupción o la ostentación morbosa, pero en el ‘durante' quizás todo no era tan mal visto”, completa.

    En en libro Los 90, publicado por Ediciones B, el autor se mete en esos años de cambios y también de nuevos paradigmas que pusieron patas para arriba a la Argentina y al mundo, e iniciaron una era de transformaciones vertiginosas tras la caída del Muro de Berlín.

    Por esta obra pasan las andanzas de dos presidentes argentinos y dos estadounidense muy especiales; episodios de corrupción generalizada; privatizaciones brutales y escandalosas; el último alzamiento militar; indultos a condenados por crímenes de lesa humanidad; atentados contra la comunidad judía, y el asesinato de un reportero gráfico por fotografiar a un empresario poderoso cuyo rostro hasta entonces nadie conocía”.

    También, los sinsabores del fútbol de la Selección; el 1 a 1 de la convertibilidad que nos convirtió en nuevos ricos; canales privatizados y nuevos modos de hacer televisión; los altibajos de Diego Maradona; la reforma constitucional; el fin de la colimba; la categoría 'celebrities' llevada al extremo y más allá; la pizza con champán y el sushi como nuevos manjares patrios; el diputrucho y los menemtruchos; la aparición y evolución de los teléfonos celulares e Internet, nada menos.

    En diálogo con ANDigital, Tomás resalta que “hay una frase tan trillada como cierta que es que el libro termina cuando te lo sacan de la mano y lo publican. Pudieron haber sido 500 o 600 páginas, la historia la podemos recortar”.

    “Los principales hechos políticos son fáciles, circunscriptos a las elecciones, recambio ministerial. Luego, en lo deportivo tenemos juegos olímpicos, mundiales y en cada año las películas y series más vistas y visitas internacionales relevantes”, explica en torno a cómo ordenar tanta información.

    En igual tono, revela: “me armé como Rain Man, cientos y cientos de notas con historias, y traté de incorporar lo que me parecía necesario, boliches, comidas, drogas, algún escándalo, situaciones bizarras, que todo estuviera y, por supuesto, incluir sucesos internacionales que por relevancia o coyuntura tocaban a la Argentina”.

    “Argentina reflexiona mucho sobre su pasado, pero no sé si tanto aún sobre los 90”, dictamina Balmaceda, para luego admitir que el libro le quedó “muy porteño, costó hacerlo federal”.

    De todos modos justifica que “los 90 fueron muy porteños, sobre todo en cuanto a los primeros desarrollos, salías de algunos barrios de la Capital y no había señal de celular y lo mismo con internet, la tecnología de la conectividad tardó muchísimo en llegar a todo el país”.

    Pasando por vaivenes musicales desde Nirvana a The Sacados; Spice Girls o la explosión de la música tropical; los “romances” insólitos, los éxitos –y fracasos– televisivos y lugares que fueron furor, las listas elaboradas por el autor no tienen desperdicio como testigos de época.

    Finalmente, consultado sobre las imágenes que más podrían reflejar esos años, se quedó con la visita de Michael Jackson y la foto con Carlos Menem en la Rosada, y pese a no ser muy futbolero, “el día que le cortaron las piernas a Maradona: había silencio en las calles y se vivió como una tragedia”.

    El “ministro” de Cultura

    Para contraponer aquellos móviles con camiones satelitales,  grabadores gigantes a cassette y noticieros químicamente puros, basta un ejemplo de la actual era de la inmediatez y post-verdad…

    Con este tuit, apenas horas después de la renuncia del negacionista Darío Lopérfido, Tomás comprobó en carne propia el poder del efecto réplica en las redes y la publicación en medios nacionales de esta “designación”.

    “Fue toda una sorpresa. Lo hice en chiste, era obvio que no era cierto y me sorprendió que tantos colegas lo tomaran como un dato genuino sin preguntarme”, indica y luego aclara: “a cualquiera que me llamó y me preguntó obviamente que les dije la verdad, no era un experimento social, era una broma, pero no hubo instancia ni para el chiste”.

    “Esto demuestra que todo cambió porque uno necesita tener en la portada nuevas noticias porque el lector que entra y vuelve a la media hora y ve todo igual, quizás no retorne; pero lo cierto es que no siempre hay tantas noticias”, reflexiona Balmaceda, quien colabora como columnista en varios medios de comunicación.

    Y remata: “hay que pensar que como lectores queremos ver novedades y damos click en noticias que a las claras se ven como mentirosas. Resulta fácil que seamos la carnada...”. (ANDigital)

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