22 Oct. 2017 | 16:17
22 Oct. 2017 | 16:17
Teatro

¡Vas a ver a la salida!

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  • “El pequeño poni” se mete de lleno en el candente tema del acoso escolar, una problemática que hoy se ve exacerbada con rótulos más marketineros y la hegemonía de las redes sociales. Melina Petriella, protagonista de la obra junto a Alejandro Awada, reflexionó sobre el tema en diálogo con ANDigital.

    ¿Qué hay más allá de la comprensión a un hijo? (foto: Hernán Gulla).
    ¿Qué hay más allá de la comprensión a un hijo? (foto: Hernán Gulla).

    LA PLATA-BUENOS AIRES (ANDigital) A un niño de nueve años de edad, tras sufrir varios ataques físicos y verbales, le fue prohibida la entrada a su escuela por llevar colgada a sus espaldas una mochila de Mi Pequeño Pony.

    La dirección del colegio consideró “detonante de acoso” el hecho de que el chico acudiera a clase acompañado de la mochila de sus dibujos animados favoritos, acusándolo de haber provocado “disrupción en el aula”.
    Al día de hoy, la escuela se defiende alegando que nunca tuvieron intención de agredirlo, sino que fue una estrategia para detener el acoso.

    De esta forma, la famosa serie de animación Mi Pequeño Pony -que, paradójicamente, dedica sus capítulos a la magia de la amistad y los valores del compañerismo- se ha convertido inesperadamente en uno de los mayores símbolos de la lucha contra el bullying.

    El dramaturgo español Paco Bezerra se inspiró en estos hechos reales que tuvieron lugar en Estados Unidos durante el año 2014 para crear una obra que indaga en esa dolorosa realidad en la que viven atrapados cada vez más niños y niñas de todo el mundo: el acoso escolar.

    En nuestro país, la pieza está dirigida por Nelson Valente y protagonizada por Melina Petriella y Alejandro Awada. Las presentaciones son sábados y domingo en El Picadero de la Ciudad de Buenos Aires y este viernes recala en el Teatro Coliseo Podesta de La Plata.

    “La manera de atacar a otros o sentirse más fuerte no tiene que ver solo con el ámbito escolar, sino que tiene el agregado de internet y sus plataformas”. Con esta idea, la actriz de destacada trayectoria en televisión, cine y teatro pone de relieve que pese a que el acoso escolar ocurre desde tiempos inmemoriales, hasta hace algunos años “no tenía el nombre de bullying ni la visibilidad que está teniendo en la actualidad” dado que “también cambiaron las formas de comunicarse”.

    “La violencia se está naturalizando, no sé si para sobrevivir, o porque vende o porque el mundo está loco y como dice Mafalda: ¡Paren el mundo que me quiero bajar!”, sentencia Petriella.

    Tras recordar el fatídico caso de Lara, una alumna del Colegio Nacional de La Plata, hizo mención como ejemplo a la inquietante serie 13 Reasons Why. “Una ficción en la que la heroína es una adolescente que muestra todo el proceso de cómo se va a suicidar implica darnos cuenta del papel que debemos tener los adultos; todos los adolescente adolecen, nadie la pasó bien en esa etapa, pero hay cosas que los padres ni se enteran y hay que tener en cuenta el invasivo rol de las redes sociales”, subraya.

    Esta actriz surgida de las huestes de Alejandra Boero y que lleva a flor de piel ese modo fundacional de ver a las artes escénicas, revela que los espectadores de El pequeño poni “se quedan muy conmovidos y revisitan situaciones muy personales”.

    “La obra es tal cual la escribió Paco Bezerra, se cambiaron únicamente los modismos, no hubo necesidad de adaptarla. Me conmovió mucho, me parecía increíble que esta madre diga ‘siento vergüenza de mi hijo’, algo que de todos modos es distinto a la falta de amor”, añade.

    Consultada por su salida de la “zona de confort” que le daba el impactante éxito de taquilla de Toc Toc y las bondades populares de la televisión, reflexiona: “los fenómenos lo son porque son difíciles de explicar. Desde que me llegó el libro de esa obra que quise estar. Ni siquiera se sabía lo que iba a pasar. Fueron tres años sumamente intensos, con el plus de que fueron los primeros”.

    “Tuve mucho aprendizaje y la firme decisión de irme en ese momento para hacer algo distinto. Mi personaje (Lili) era aniñado, le 26 años, la empecé teniendo 34 y dije que no quería cumplir 40 así. Necesitaba atravesar otro universo como actriz, interpretar una mujer con toda la madurez que eso implica”, prosigue.

    Y completa: “alejarme de la tele era estar más cerca de lo que quería hacer, sin tener en cuenta el factor económico o popular”.

    Irene, esa mojigata

    Volviendo a El pequeño Poni y particularmente su personaje, afirma: “me parecía un desafío artístico, venía de la mano de un contenido que me interesaba mucho mostrar. Interpelarme a mí misma y al espectador”.

    “Salgo agotada, se hace con el corazón, me costaba querer a Irene, me siento más identificada con Jaime ante un hecho como el que le pasa a Miguel, me surgió siempre más rebelarme, la protagonista toma otra postura”, expone y remarca que “era necesario tener un compañero de la talla de Alejandro, no sé si me hubiese animado a hacerlo sin él”.

    En tren de elogios a Awada, reconoce: “necesito que me entusiasme a la hora de ir a trabajar, no es como la tele que grabás y con oficio se puede resolver. El teatro es aquí y ahora y tiene que suceder, el anti-piloto automático. Crecí mucho, tal y como me pasó con Daniel Fanego (en la miniserie Volver a nacer) crecí mucho y me permitieron elevarme con su generosidad, te dan esa luegar para que crezcas”.

    Finalmente, invitando a que cada uno se lleve el mensaje de la puesta, advierte que “cuando el Estado se privatiza y deja de existir como tal y es un sálvese quien pueda, los chicos no quedan afuera de esa cacería, son más víctimas aún porque no tienen las posibilidades de un adulto”.

    “Se sale con el alma gratificada, no todo es reírse, sino también cuando se te invita a pasa r por las diferentes emociones, inevitablemente se van a emocionar y van a salir con muchas preguntas, no importan las respuestas, si no activar la cabeza”.

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    El pequeño Poni

    ---) Viernes 13 de octubre en el Teatro Coliseo Podestá de La Plata

    Entradas en la boletería de la sala, calle 10 entre 46 y 47 (de 15 a 20) y por Plateanet

    ---) Sábados a las 22.30 y domingos a las 18 en El Picadero

    Pasaje Santos Discépolo 1857 (a pasos de Corrientes y Callao).-

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