01 Oct. 2020 | 00:51
01 Oct. 2020 | 00:51
Opinión

Civilización o barbarie

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  • Una mirada a propósito del asesinato de Fernando Báez Sosa por parte de un grupo de jóvenes rugbiers.

    Freud calificó a la comunidad humana como una gavilla de asesinos reunidos en torno a ciertos acuerdos mínimos, con el fin de sostener algún nivel de convivencia. En estos acuerdos es donde se funda la ley, sobre la ley se cimienta la civilización. Donde la especie humana se diferencia de la organización barbárica sin ley, ni acuerdos. Donde se diferencia de la naturaleza animal regida por el instinto. La aspiración que debemos tener como sociedad es no ser ni barbaros ni animales. En esta diferencia es donde se palpita el dilema.

    A pesar de estar viviendo en una sociedad civilizada, frecuentemente nos enteramos de sucesos que violan toda ley, todo principio básico de comunidad.

    Recientemente ocurrió que un grupo de jóvenes rugbiers asesinaron a golpes a Fernando Báez Sosa, el linchamiento ocurrió a la salida de un boliche en Villa Gesell.

    Fernando Ulloa conceptualiza el desamparo de las víctimas con la figura de “encerrona trágica”, y la define diciendo que “la encerrona trágica es paradigmática del desamparo cruel: una situación de dos lugares, sin tercero de apelación, sin ley, donde la víctima, para dejar de sufrir o no morir, depende de alguien a quien rechaza totalmente y por quien es totalmente rechazado”.

    Fernando Báez Sosa fue víctima de la crueldad más absoluta de un grupo de jóvenes que le provocaron la muerte. Jóvenes sin ley, empujados a la acción sin la más mínima mediación de la violencia, sin el más mínimo rasgo de civilidad.

    Y Ulloa agrega: “El desarrollo de la crueldad tiene como antecedente, en la constitución inicial del sujeto, la falencia de la ternura como primer anidamiento, como primer amparo que recibe el recién nacido. Obviamente no es éste el único origen del futuro despliegue de la crueldad, ya que serán necesarios dispositivos socioculturales posteriores que, o bien no reparen ese origen fallido de la subjetividad, o lo acrecienten”.

    En esta frase intenta ubicar el origen de la crueldad y también su desarrollo posterior. En cuanto al origen es difícil esclarecer las historias particulares de estos jóvenes en donde hallar ese germen. En cuanto a su desarrollo mucho deberá cuestionarse el ámbito del rugby, su idiosincrasia y sus instituciones.

    Sostiene Ulloa: “La crueldad, como implementación de la condición agresiva y odiosa del hombre, es un hecho cultural”. Por lo tanto deberemos como sociedad interrogarnos sobre este episodio que nos atraviesa. Cuanto de él tiene como componentes el odio de clase debido a la pertenencia de estos jóvenes a clases “acomodadas”, la naturalización de la violencia, el exceso de consumo de alcohol entre los jóvenes, a qué modelo de masculinidad responden sus conductas, entre otras cuestiones.

    A modo de cierre, hace cien años, Freud decía: “Así, también nosotros, si se nos juzga por nuestras mociones inconcientes de deseo, somos, como los hombres primordiales, una gavilla de asesinos. Es una suerte que todos estos deseos no posean la fuerza que los hombres eran todavía capaces de darles en épocas primordiales; bajo el fuego cruzado de las maldiciones recíprocas, hace tiempo que la humanidad se habría ido a pique, incluso los mejores y más sabios entre los hombres, y las mujeres más hermosas y encantadoras”.

    Este pasaje al acto del grupo de jóvenes rugbiers es una vuelta a esa gavilla de asesinos descripta por Freud, que nos debe preocupar en cuanto gesto de deterioro de la condición humana civilizada.

    El verdadero dilema que se juega en nuestros días es el de una sociedad basada en el amor, el respeto y la solidaridad, o una basada en el odio, el desprecio y la repulsa por el semejante.

    Civilización o barbarie.-

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