09 Dec. 2019 | 10:43
09 Dec. 2019 | 10:43
Opinión

De abajo hacia arriba

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  • Siempre desde una mirada muy crítica, el autor vuelve a cuestionar las medidas económicas del actual gobierno de Mauricio Macri en detrimento del sector productivo nacional, pero a favor del ámbito financiero y la especulación.

    Ahora sin impuestos: el champagne francés, los autos de alta gama, libre importación en perjuicio de la industria nacional y la frutilla del postre: comprar LEBAC sin necesidad de pagar impuestos de ninguna clase. Pero, ¿quién compra LEBAC? Los que tienen mucho dinero disponible: los bancos.

    Se ha reiniciado el deporte nacional de la bicicleta financiera, ese que nos arruinó la vida a los argentinos con la multiplicación fácil de los pesos, una economía de especulación deja atrás otra vez a la producción. Es evidente que la “kakistocracia”, definida como el gobierno de los peores, en este caso en manos de los que piensan que sólo ellos tienen el derecho a vivir y de someter a la servidumbre a los menesterosos, que no tienen derecho a nada, no vestir, no comer, no tener un trabajo, no tener una asistencia médica, ni siquiera estatal, como tampoco tener la posibilidad de superación mediante la adquisición de un oficio o profesión. Sumiendo al sector más bajo a todas la miserias posibles. ¿Gobierna o no para los ricos? Mientras la clase dominante se ufana en demostraciones serviles ante la potencia hegemónica y hacer ostentación de todos los beneficios posibles adquiridos de una forma inmoral. Eso padecemos hoy. Eso va en detrimento de nuestra patria que es impulsada a volver a un país pastoril. Ser un apéndice de centros financieros a los que se mendigan préstamos, que se otorgan a sabiendas, que nos endeudarán hasta no sé cuántas generaciones, en vez de impulsar el ahorro y la inversión para hacer a la industria nacional competitiva.

    Pero claro está que los objetivos son otros: entre ellos fugar capitales (léase: dólares acumulados en paraísos fiscales), sumarlos a los más de 350 mil millones generados en nuestra desgraciada patria. Con patriotas así, ¿para qué queremos enemigos? Solo se prefiere una cómoda posición de vasallaje –claro para los de arriba- mientras el resto padece sometido no sólo al yugo, sino también al desprecio de los gobernantes.

    Se hablaba de la eliminación de las retenciones como si fuera a beneficiar a los productores más pequeños, cuando en realidad, los que hacen los negocios son los que arriendan a mayor precio sus campos. Es decir que tampoco trabajan, sino que parasitan y viven de las rentas al mismo tiempo que encarecen el precio de los bienes cultivados, debiendo la población local, pagarlos a precio internacional.

    Lo sucedido el 29 de abril pasado fue en realidad el empuje de las bases a una dirigencia adormilada, burocratizada que nada hacía por defender a los asalariados. Esto es un síntoma serio, que de aumentar en intensidad, puede seguir en un estallido social, defenestración de dirigentes incluida. Efecto que no es entendido por los gobernantes que responden que “si no pueden comprar, que no compren”, y los sindicatos que se van en deliberaciones y no deciden una resistencia más activa. Esta vez es de abajo hacia arriba el empuje. Fuerza difícil de modular cuando se desata, y de tristes consecuencias que pudieran ser evitadas. Modificar la política económica es la solución, pero ¿Ud. cree que lo harán?

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