19 Aug. 2017 | 23:15
19 Aug. 2017 | 23:15
Bitácoras bonaerenses

Presupuesto 2017: El triunfo de Vidal, el peronismo sin unidad y la intentona de Randazzo

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  • La llamada Ley de Leyes está aprobada. En esta columna, el detalle de las negociaciones infructuosas, los idas y vueltas, y las apetencias personales que impidieron que el peronismo llegara unificado a la votación final.

    María Eugenia Vidal ya descorcha para celebrar las Fiestas. Hay motivos para hacerlo, sin grandes sobresaltos y, tal y cómo lo pensó, logró aprobar su Presupuesto 2017 y el Endeudamiento para generar obras. Mantuvo el acuerdo con el Frente Renovador, cumplió y le cumplieron y, sobre todo, vio que el peronismo no pudo concretar su unidad en este tramo tan importante. Al final, el Presupuesto para el año que viene será de 521.410.794.201 pesos y la autorización para tomar deuda por 59.500 millones de pesos, de los cuales 51.000 millones de pesos estarán destinados para la financiación de obras, mientras que 8.500 millones de pesos serán coparticipados a los municipios, en acuerdo con los alcaldes bonaerenses. El Endeudamiento se bajó considerablemente, respecto del pedido original, que fue superior a los 90 mil millones de pesos. Pero esa baja, como adelantó ANDigital, estaba en los planes de la Gobernación: “El monto fue para negociar, es parte de la política”, le dijo ante este portal una fuente de la primera plana de Calle 6 hace tres semanas. En plan concretado.

    En toda esta novela que ya culminó, la lupa se había posado en las últimas semanas sobre el peronismo y sus internas. Las apuestas corrían en que si los diversos espacios peronistas lograrían plasmar su tan ansiada unidad, plasmada en la Cumbre de Lobos. Desde entonces, se gestaron muchas cumbres de intendentes, reuniones en la Legislatura, fotos de “unidad” donde se juntaban todos los bloques de la Legislatura (FpV, FpV-PJ, Peronismo para la Victoria-FpV y el unibloque Peronismo Bonaerense de Diputados y FpV, Bloque PJ, Bloque Peronista del Senado), y los espacios de intendentes como el Grupo Esmeralda, el Fénix, el Establo y el Patria. La unidad parecía tomar color, el viejo y tradicional axioma peronista comenzaba a sonar: “Todos unidos triunfaremos”. El sueño de superar la derrota del 2015.

    En principio, el centro de la disputa del peronismo y el oficialismo fue por el monto de Endeudamiento, al que varios peronistas no dudaron en calificar de “monstruoso”. También había pedido de cargos, como el sillón de la Defensoría del Pueblo, que desde un principio la Gobernación la tenía reservada para el peronismo, como se adelantó en anteriores columnas. Pero la tan mentada unidad sólo parecía estar presenta en las fotos de gacetillas para portales periodísticos. Por lo bajo, sigiloso, el “negociador unilateral”, Martín Insaurralde, negociaba por su lado con el jefe de Gabinete, Federico Salvai. El lomense no tuvo reparos, puso sobre la mesa un Plan B ante cualquier contingencia: darle los votos a Cambiemos que le faltaban para completar los dos tercios en Diputados (el territorio más complicado para Calle 6) y canalizar todos los acuerdos. El esquema apuntaba a contar con la mitad de los votos del bloque FpV-PJ (llamados “Los 13”) y la bancada Peronismo para la Victoria-FpV que, en las sombras, conduce Fernando “Chino” Navarro, aliado territorial del esposo de Jesica Cirio en Lomas de Zamora. Con esa garantía, y con los votos del Frente Renovador de Sergio Massa, Vidal y su mesa política contaban con cartas de ventaja sobre la mesa de negociación: el “pacto de gobernabilidad” que gestaron en el 2015 para este año “Mariu” y el tigrense estaba asegurado, y la oferta de Insaurralde también. La tranquilidad de un resultado puesto.

    Pero, sobre la recta final, asomó Florencio Randazzo y movió el tablero. El lunes 12 de diciembre, en las oficinas que posee en el barrio porteño de San Telmo, el exfuncionario nacional juntó a todos los sectores del peronismo –inclusive a La Cámpora– para “comenzar con la renovación” y posicionarse como el conductor del peronismo en esta batalla. Con ese empuje, envió a una nutrida comitiva de intendentes y legisladores a una cumbre con el ministro de Gobierno, Joaquín De la Torre, donde le pidieron la Vicepresidencia de la Cámara de Diputados que, según el “pacto de gobernabilidad” de Vidal-Massa, le correspondía a un massista en el sistema de rotación con Cambiemos. La jugada de Randazzo, avalada por varios legisladores e intendentes y mirada con recelo por otros (en especial de los Esmeralda), cambió por un instante las reglas de juego y el plan del “vidalismo”, dado que rompía –en el último tramo de la negociación– el esquema que venían manejando desde Calle 6. “No lo vemos posible”, fue la primera reacción desde Gobernación. “Sus internas van a dinamitar ese pedido”, agregaron, con seguridad, por esos días. Pero el plan de Randazzo era simple: ofrecerle a Vidal un cambio de “garante de la gobernabilidad”: peronismo en reemplazo de massismo. Sacudón sobre el tablero.

    En lo concreto, Vidal nunca pensó en romper con Massa y sacarle la Vicepresidencia de Diputados. Incluso, desde la mesa política de la gobernadora se mostraron molestos con la intervención de Randazzo y, mediante emisarios, le hicieron llegar esa sensación. A esto, los alcaldes peronistas también le pidieron a De la Torre otros puntos: generar la inclusión del Programa FINES, el pedido expreso de no fusionar la Policía Local con la Policía Comunal, no sacarle a los distritos efectivos policiales para enviarlos al Operativo Sol. También pidieron aumento de transferencias a los municipios, cumplimiento de las cuotas restantes de los Fondos de Infraestructura y Seguridad de este año, y la cancelación de la deuda del PAMI 2015, como así también incrementar el volumen coparticipable del Fondo Sojero y el de los impuestos de Juegos de Azar, para que tengan correlato en la distribución con el territorio. “Podemos juntar 37 votos, el número lo tenemos nosotros, hay que hacerlo valer”, era la reflexión generalizada de varios intendentes y legisladores que soñaban con un peronismo unido, bajo la sombra de Randazzo. Pero la unidad parecía sólo una ilusión, ya que el pedido de la Vicepresidencia generó tensión entre Randazzo e Insaurralde. Con el escenario adverso de lograr la Vice, Randazzo volvió a esconder la cabeza y, al no poder ordenar la tropa y unirla en un único objetivo, se corrió (algunos dicen que varios alcaldes lo corrieron) de las negociaciones y “delegó el mando” en los intendentes Gabriel Katopodis (San Martín) y Juanchi Zabaleta (Hurlingham), ambos referentes del Grupo Esmeralda. Por lo bajo, los sectores que más reniegan del kirchnerismo deslizaron que el ministro del Interior y Transporte de Cristina Fernández de Kirchner, tenía “mucho kirchnerismo” en sus actitudes y pensamientos. El amague.

    Con Randazzo corrido de la escena, el peronismo intento salvar la unidad a toda costa. El miércoles 21 (día de sesión en Diputados y Senadores para tratar el Presupuesto), todos los espacios del peronismo se congregaron en un gran cónclave en el Hotel Corregidor de La Plata, ubicado a pocos pasos de Gobernación y a una plaza de la Legislatura. Desde el mediodía, intendentes, legisladores, exintendentes y exlegisladores de todos los espacios internos, entraron y salieron del Salón Principal del Hotel, negociando, llamando por celular, analizando papeles y opciones. Fueron muchas horas de reuniones, charlas, enojos, cafés, idas y venidas. Las negociaciones estuvieron a cargo de Insaurralde, Katopodis y Zabaleta, por el Grupo Esmeralda; y Verónica Magario (La Matanza) y el titular del PJ Bonaerense, Fernando Espinoza, por el Grupo Fénix. Hubo momentos de tensión, como en la acalorada charla que mantuvieron Katopodis y Espinoza por el pedido del matancero de insistir por la continuidad del Plan Fines, situación que generó una operación del massismo que dispersó el rumor de que hubo trompadas entre ambos dirigentes. El propio Massa corrió esa versión, durante el brindis con periodistas en el Congreso. La máxima tensión se dio cerca de las 16 horas, cuando llegaron los diputados nacionales y referentes de La Cámpora Eduardo “Wado” De Pedro y Andrés “Cuervo” Larroque, con un mandato de Máximo Kirchner bajo el brazo: la Defensoría del Pueblo para Fernanda Raverta. El pedido sacudió los cimientos del Hotel Corregidor, el acuerdo que gestaron los intendentes con Gobernación era que el exlegislador sciolista (ahora randazzistas), Guido Lorenzino, fuera el designado para ocupar ese sillón. Pero el mandato de Máximo era “inamovible” –a tal punto que, el martes por la tarde, Raverta en persona fue a buscar acuerdos con operadores del presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, Emilio Monzó, un hombre que, se sabe, no es nada cercano a Vidal–. Con ese escenario, rápidamente se improvisó una mini cumbre en el primer piso del Hotel para intentar para destrabar el asunto: Insaurralde, Zabaleta, Katopodis, Espinoza, De Pedro y Larroque negociaron a puertas cerradas por casi tres horas. En medio de la reunión, se sumó el senador camporista Santiago Carreras. Contingencia al filo de la hora.

    Pese a la dureza del pedido, la postura de los alcaldes fue contundente, no darle la titularidad de la Defensoría del Pueblo a Raverta, pero sí conformar a La Cámpora con el cargo de uno de los Adjuntos, figuras que nacieron en las negociaciones de este año. No fue suficiente, los llamados telefónicos se acrecentaron, la palabra de Máximo fue contundente: no se aceptaba otra cosa que no fuera la titularidad de la Defensoría. Con ese marco, la unidad del peronismo acordada horas antes, pese a no conseguir grandes logros en la negociación, estaba en peligro. La novela terminó con Máximo ordenando a los legisladores de La Cámpora que no acompañasen con su voto la Ley del Defensor del Pueblo, el Presupuesto 2017 y la Ley Impositiva. El mandato, según pudo saber ANDigital, generó enojo y malestar en el resto del peronismo, como así también en los bloques del FpV en Diputados y Senadores (en su gran mayoría compuestos por camporistas, pero también por kirchneristas de paladar negro). La unidad frágil, endeble y hasta de papel del peronismo comenzaba a diluirse. La cumbre del Hotel Corregidor fracasó. Dato no menor, la orden Máximo fue sólo para los integrantes de La Cámpora, para el resto de los integrantes de los bloques del FpV se dio “libre albedrío”. Es por eso que en Diputados, del FpV, Juan José Mussi, Aníbal Regueiro, Marcelo Torres, Marisol Merquel y Karina Nazábal votaron en favor de las tres leyes mencionadas, mientras los camporistas votaron en contra. En la bancada del FpV del Senado, la trama se tornó más tensa. Según pudo reconstruir este portal, varios senadores no camporistas mostraron su enojo ante la decisión de votar distinto al resto del peronismo, pero decidieron hacerlo sólo es “pos de la unidad del bloque”. La votación dividida.

    El peronismo pasó esta gran prueba sin la unidad que tanto se buscó desde la Cumbre de Lobos. No fue capaz de conjugar las 37 bancas que podía lograr en Diputados, el terreno donde se medía la “Ley de leyes”. “Mucho cacique, poco indio”, reflexionó un legislador. Otro lanzó: “Hay mucho duelo de egos”. Lo cierto, es que las propias internas y competencias del peronismo y sus múltiples espacios, hicieron que esa amenaza de “unidad” ni siquiera fuera tomada en cuenta por Vidal y su mesa chica. Desde un principio confiaron en que las internas del peronismo jugarían a su favor, de la mano de “negociadores unilaterales” o mediante una ruptura mayor. No hubo ruptura mayor, fue una contingencia de último momento y mal manejada en su conjunto. Por su parte, Randazzo no termina de arrancar. Si bien irrumpió en el escenario, nunca se mostró, nunca puso la cara. Todas fueron reuniones privadas. Muchos dicen que evitó dejarle servido el plato a Vidal para “echarla la culpa” por un eventual fracaso del tratamiento del Presupuesto. Lo cierto es que el chivilcoyano amagó otra vez, el pedido fuerte de la Vicepresidencia nunca fue tomada en serio por Calle 6 y salió de escena sin gloria. Por ahora, la nueva conducción del peronismo sigue vacante. La paradoja del peronismo es que logró menos cosas que el massismo, pese a tener –en su conjunto– más legisladores. No logró siquiera la Vicepresidencia I con firma para Marcelo Feliú. En sus logros, la Defensoría del Pueblo para Lorenzino –concedida desde el inicio de esta secuela– con el massista Walter Martello como adjunto. ¿Baja de endeudamiento y Fondo para intendentes? También pensadas como concesión desde un principio. Se dice que lograron aumentos impositivos, en especial el de Ingresos Brutos de las salas de juegos y bingos de todo el territorio bonaerense, como así también 350 millones de pesos anuales por cobrar patentes a autos de más de 10 años. Esos pedidos, que semanas antes fueron las modificaciones que el Frente Renovador –aliado del oficialismo– puso sobre la mesa. Algunas voces afirman que el que mayor porción se llevó fue Insaurralde, quien negoció por separado –junto a Katopodis y el intendente de Bolívar, Eduardo “Bali” Bucca– y lograron cargos para “los suyos” en la estructura de la Cámara de Diputados (que tradicionalmente corresponde a legisladores). Pero pusieron, por ejemplo, al excandidato a intendente de Berisso en el 2015, Juan Mincarelli (exrandazzista, ahora más cercano al lomense), quien se ubicó como Prosecretario de la Cámara de Diputados. El botín de este grupo de intendentes también contiene cargos en Bagsa, Absa, Centrales de la Costa, lugares en Vialidad, delegaciones de Vialidad y Registro de las Personas. Las internas continúan y el Congreso del PJ de antes de fin de año se espera para ver cómo continúa todo esto.

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