09 Dec. 2019 | 10:40
09 Dec. 2019 | 10:40
Bitácoras bonaerenses

Vidal vuelve a atar su destino a la campaña de Macri

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  • La gobernadora mandó señales de distensión con la Rosada. Después de semanas de enfriamiento, se acopló nuevamente a la campaña diseñada por Marcos Peña. Qué hechos sucedieron en medio. El 27 de octubre, la fecha límite para la subordinación política.

    La bronca y los reproches no se fueron. El malestar y el duro trago de la realidad aún están presentes en sus días. El futuro, no querido, pero realista, se empieza a configurar de la mano de la aceptación del presente. María Eugenia Vidal vuelve a encolumnarse detrás de la figura de Mauricio Macri, vuelve a atar su destino al del jefe de Cambiemos. ¿No aprendió la lección de las PASO? En parte sí, en parte no. Su situación es de un difícil equilibrio entre andar sola, lejos de Macri, pero subordinada a su líder, y romper con quien la llevó la principal escena política. Desde la fatídica noche del 11 de agosto, Vidal se tomó su tiempo para dejar bien en claro su malestar, una sensación acumulada hace casi dos años, cuando comenzó a sentir que en la Casa Rosada “no la cuidaban” y su enemigo interno –el ultra ratificado jefe de Gabinete de la Nación, Marcos Peña– cada tanto le hacía sentir el rigor de su poder. Dirigió lentamente el duro cachetazo de su derrota ante Axel Kicillof, aceptó con tristeza el sinsabor de la realidad, pensó y diagramó su futuro fuera de la Gobernación bonaerense, y ahora vuelve a subordinarse. Los vaivenes de Mariu.

    A más de un mes de las PASO, Vidal decidió bajar las tensiones con Macri y acoplarse a la estrategia de campaña que diseñó Peña. No fue fácil, todo este tiempo la gobernadora mostró su perfil más rebelde en todos los años que lleva en el Sillón de Dardo Rocha. Hizo su catarsis. Cuentan –incluso– que el 17 de agosto, en plena crisis del dólar pos PASO, cuando fue a una reunión con Macri junto a Horacio Rodríguez Larreta en la quinta “Los Abrojos”, estalló y lanzó una catarata de insultos. Sus motivos fueron varios, la gobernadora y el jefe de Gobierno porteño fueron a pedir nuevamente la cabeza del entonces ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, y del poderoso Marcos Peña. Macri aceptó echar al ministro pero, una vez más, ratificó a su jefe de Gabinete. Cuentan que esa decisión hizo estallar a Vidal, quien “insultó como nunca”. Pasaron los días, la gobernadora entró en un “silencio estratégico”, volvió a aparecer en escena, pero con una impronta de gestión/campaña provincializada y alejada de Macri. Vidal se dio un baño de realidad, habilitó a los intendentes de Cambiemos (sobre todo a los del Conurbano, La Plata y Bahía Blanca) a cortar boleta y hasta a repartir la municipal junto a los candidatos del Frente de Todos. La tijera a full, el sálvese quien pueda como objetivo único. También diseñó su futuro político, cuando (como todo indica) deje en diciembre el Sillón de Dardo Rocha. Afinó su trazado para que la elección de octubre le otorgue a Cambiemos conservar la cantidad de legisladores bonaerenses que actualmente tiene, para poder posicionarse como la principal líder de la oposición a un hipotético gobierno de Kicillof. Ser candidata a diputada nacional en 2021 es una opción. Para eso también generó contactos subterráneos con el caudillo salteño Juan Manuel Urtubey. Aceptación y reacción ante la realidad.

    Después de semanas de tensión, Vidal decidió volver al esquema de subordinación en Cambiemos. Esta semana que pasó se reunió a solas durante una hora con Peña. Si bien su pensamiento sobre el jefe de Gabinete sigue presente (lo apunta como el principal responsable de la derrota en las PASO), acordó, junto a su jefe de Gabinete y “mano derecha”, Federico Salvai, la coordinación de la campaña. Se limaron asperezas y hasta se diagramó la tan esperada foto con Macri en la Provincia, que estuvo ausente desde los resultados de las PASO: será esta semana en un acto en Florencio Varela. Sobre ese plan, se detalló parte de lo que será la campaña de Macri y las caravanas por 30 ciudades que anunció el Presidente. De todos modos, Vidal no se acoplará del todo a la estrategia nacional, mantendrá su autonomía para su campaña, basada en sentimientos y emociones, resumidos en el “escuchar a los bonaerenses”, consigna que lanzó Vidal en la conferencia de prensa que dio el 12 de agosto. El “Sí, se puede” volverá a ser la matriz de campaña, que tendrá su correlato en la Provincia. La propia mandataria mostró señales de distensión este viernes en su visita a Tres Arroyos y Bahía Blanca. “Para mí y para Gustavo (Oosterbaan, candidato a intendente por Cambiemos) no hay ballotage, nosotros ganamos por un voto (…) El ballotage nos va a hacer mejores, nos va a dar mejor democracia”, dijo en el primer distrito. “Esto es un símbolo del 'Sí, se puede'”, sostuvo horas antes en la inauguración de una planta depuradora de líquidos cloacales en el segundo distrito mencionado. La distensión.

    “Hay una elección por delante, muy difícil de remontar, pero que tenés que dar pelea para equilibrar poder”, sostienen como su objetivo desde las altas esferas de la Gobernación bonaerense. Pero no evaden las tensiones con la Rosada, aunque ponen paños de estrategia realista: “El vínculo entre las personas, eso es lo de menos. De acá el 27 de octubre va a estar todo bien. Porque para nuestro electorado no hay margen para peleas internas”, afirman. Por las dudas, pero sin dejar de hacer foco en la fecha de las elecciones, repiten: “No va a haber ninguna pelea interna de acá al 27”. Vidal y su mesa chica saben que una catástrofe de Macri también los puede arrastrar. Hay un miedo común y en esa sensación es mejor andar en el mismo barco. No es casual que desde Calle 6 hagan hincapié en el 27 de octubre: habrá un antes y un después de esa fecha. Los augurios realistas indican que ese día se ratificarán las derrotas de Macri y Vidal. El 28, Vidal acentuará su camino de autonomía pensando en el armado del vidalismo o en la era de Cambiemos pos Macri. Mientras tanto, una vez más, tiene que atar su destino al del Presidente.

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