21 Oct. 2020 | 16:03
21 Oct. 2020 | 16:03
Bitácoras bonaerenses

Otra vez el muro invisible entre el AMBA bonaerense y el AMBA porteño

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  • La forma del anuncio de la extensión de la cuarentena hasta el 20 de septiembre, trajo nuevamente a escena las diferencias que existen entre la Provincia y la Ciudad.

    La reunión preliminar conjunta antes de los posteriores anuncios individuales.
    La reunión preliminar conjunta antes de los posteriores anuncios individuales.

    No hubo foto conjunta, no hubo una postal de unidad frente a la sociedad. Algo cambió y se notó. Distinto a todas las otras conferencias, el viernes 28 el anuncio sobre el rumbo de la cuarentena estuvo partido en tres. Alberto Fernández y el video de poco más de cinco minutos, Horacio Rodríguez Larreta en conferencia de prensa -el mismo viernes- y Axel Kicillof este lunes desde La Plata. Tres fotos, tres anuncios, tres posturas. Como se escribió durante la semana pasada, las diferencias entre Nación, Provincia y Ciudad en el rumbo que se piensa para el aislamiento se fueron acrecentando, al punto de que las reuniones y la expectativa sobre el anuncio final no tuvieron el mismo despliegue. De hecho, a diferencia de las últimas ocasiones, no hubo una reunión entre Kicillof y Larreta para ajustar detalle conjuntos. La sensación, ahora, es que el tridente de porteños que gobiernan las tres jurisdicciones más importantes del país no se pudo sentar en la misma mesa. Gestos políticos.

    El Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), un territorio que aglutina a la Ciudad de Buenos Aires, 39 municipios bonaerenses del Conurbano y La Plata, bajo una misma zona. Una megaciudad en la cual viven, trabajan y circulan casi 16 millones de habitantes. Hasta antes de esta pandemia, el AMBA era una palabra o descripción que no estaba en la concepción cotidiana de la población. La estrategia nacional sobre el COVID-19 hizo que el AMBA sea un solo territorio, una unidad, pero con dos gobernantes de distintos espacios políticos. El AMBA bonaerense y el AMBA porteño ya tuvieron sus cortocircuitos a principios de junio, cuando los cruces periodísticos estaban en todos los portales. Desde las declaraciones del ministro de Salud bonaerense, Daniel Gollan, al calificar a la Capital Federal como “foco de irradiación” del virus, y la idea del polémico y mediático ministro de Seguridad Sergio Berni, de “aislar” a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Pese a estos chispazos, en las semanas posteriores las dos AMBAS decidieron trabajar en conjunto y mostrar un mensaje de unidad. La concordancia pasajera.

    ¿Se terminó el mensaje unificado? En la política son los gestos lo que valen y el gesto de tres anuncios distintos habla por sí solo. Alberto apeló a un mensaje grabado, corto y contundente; pero dejó un punto muy importante que trajo secuelas: que la nueva etapa dura tres semanas (hasta el 20 de septiembre) y la habilitación de reuniones al aire libre de hasta diez personas, con la distancia social recomendada. Dato no menor, el Presidente también habló del AMBA y “algunos datos alentadores”. De hecho, días atrás el ministro de Salud de Nación, Ginés González García, dijo que la “curva se amesetó en el AMBA y crece en el Interior”. Ese diagnóstico hizo que se avance con el anuncio de las reuniones al aire libre. Desde la Ciudad de Buenos Aires tomaron ese mismo análisis y fueron más allá: permitieron las reuniones en espacios públicos y la habilitación de la gastronomía al aire libre. Esa medida, a pocos segundos del anuncio de Alberto, fue descartada de plano por la Gobernación bonaerense para distritos que están en el AMBA bonaerense, como así cualquier tipo de nueva aperturas. El rumbo porteño, el rumbo bonaerense.

    Pero el muro invisible que vuelve a separar al AMBA bonaerense del AMBA porteña también tiene distinto discurso. Desde la Ciudad, el ministro de Salud porteño, Fernán Quirós, quien debe ser uno de los políticos que mejor imagen obtuvo en tiempos de pandemia, dijo este lunes que “el peor momento ya pasó” en CABA, aunque aclaró que con una meseta de casos altos. Desde el lado bonaerense, el discurso es la contracara: el propio Kicillof dijo este lunes en conferencia de prensa que “la situación no está mejor, ni igual, está peor” y volvió a alertar sobre la saturación del sistema de salud. Es cierto que los todos los análisis sostienen que la Ciudad de Buenos Aires será el lugar donde la curva comience a bajar primero, al ser el territorio donde surgieron los primeros contagios y que esa situación la tendrán en el primer, segundo y tercer cordón del Conurbano. Pero aún esa realidad no llegó al AMBA bonaerense. De hecho, surge otro frente preocupante para el Gobernador, que es el aumento de contagios en el Interior bonaerense, donde la fragilidad de los sistemas de salud es mayor a las del Conurbano y La Plata, por su cantidad y su calidad. Distintas realidades.

    “Es imposible separar las dos realidades”, repitieron hasta la semana pasada desde Nación, Provincia y Ciudad en referencia al coronavirus en el AMBA bonaerense y el AMBA porteño. Sin embargo, la división es notoria y el viernes se formalizó. Por lo bajo, en la Provincia se muestran molestos ante la “falta de estrategia nacional” en el último anuncio y la situación en la que quedó Kicillof como anunciador de las “malas noticias”. Eso lo llevó a hacer la conferencia del lunes, junto a intendentes oficialistas y opositores, como una postal de respaldo a sus decisiones. En algunos despachos provinciales hicieron foco en la escena del viernes y hasta se atreven a conjeturar con la medición del “costo político de la cuarentena”. Cabe recordar que en el anuncio del 14 de agosto (cuando todavía se mostraban los tres juntos), Alberto dijo contundente: “La cuarentena no existe más”. Ahora, algunos analistas observan que el discurso presidencial se basa en más porcentaje sobre la pospandemia y la recuperación económica. En algunos despachos porteños, no sin cierta picardía, deslizan que el cambio y el contenido de los últimos anuncios tienen que ver en que “Alberto tiene más concordancias con Larreta, que con Kicillof”. El mundillo político.

    La realidad es que los más de cinco meses de aislamiento obligatorio en el AMBA (en su conjunto), tiene su costo político y económico, como se ha mencionado en columnas anteriores. El propio Kicillof, la semana que pasó, en videoconferencia con intendentes del Interior confesó textual: “La gente está podrida de la cuarentena”. A esto, hay que sumarle que gran parte de la ciudadanía ha flexibilizado la cuarentena “de hecho”. Esto lo saben y lo ven en Nación, Provincia y Ciudad, y lo puede observar cualquiera que salga a caminar o en auto por La Plata o el Conurbano. Este efecto, sumado a la necesidad, cierta pérdida de miedo al COVID-19 y el pico que aún no llego, hace que la situación haya derivado en tres caminos distintos de la nueva etapa de la cuarentena hasta el 20 de septiembre. Estas diferencias de realidades, análisis y diagnósticos hacen que nuevamente irrumpa el muro invisible que separa al AMBA bonaerense del AMBA porteño.-

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