26 Apr. 2017 | 22:22
Opinión

La restauración liberal

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  • Entre otras definiciones, para el autor, a 16 meses de gobierno de Cambiemos, no hay campaña propagandística que oculte la “soberbia y desprecio” de la gestión hacia la clase trabajadora.

    La ética es la rama de la filosofía que estudia lo correcto o lo equivocado del comportamiento humano. De ésta deriva la ciencia política, que estudia la teoría y la práctica de la política, los sistemas y los comportamientos políticos de la sociedad. Se diferencia de la política práctica en dónde se negocia todo o casi todos.

    La política tiene varias definiciones: de, para o lo relacionado con los ciudadanos; el arte de gobernar; el conjunto de medidas inmediatas o mediatas para llegar a un fin determinado, etc. Tampoco caben dudas que con la política se mezclan los intereses y es aquí en donde las negociaciones tienen un papel primordial para conciliarlos en pos del bien común, si eso se pretende.

    La realidad nos muestra que no siempre se está dispuesto a ceder posiciones por la sencilla razón que priman los egos de no pocos individuos. Vale decir que la habilidad natural de quienes negocian, debería incluir el concepto de que nunca se logra el 100 % de los que se desea; si se quiere así, ya no es negociar sino imponer y para ello, es necesario tener mayoría absoluta o actuar sin importar las críticas y los riesgos que se avecinan. Así se corre el albur de perder la iniciativa cuando la relación costo-beneficio no lo justifica, puesto que hay interesados que no contemplan los daños sociales que producen. Hoy, lo estamos viviendo. La maquinaria propagandística hace tiempo que trata de ocultar la realidad y los síntomas que antes no eran visibles ya no se pueden ocultar, puesto que las mentiras van conociéndose por medio de TV extranjera, Internet, Twiter, etc.

    Tampoco la caída de ventas como el portentoso endeudamiento que no se puede prolongar indefinidamente y que ya fue anunciado por funcionarios del FMI. El país no produce y no se debe vivir de préstamos. La manifestación del A1 dio nuevos bríos al Gobierno y sus secuaces marcando un optimismo sin fundamento. El desprecio hacia las clases medias y bajas, la burla que no reconoce límites van aumentando el descontento, muchos desilusionados lo confiesan abiertamente que no los volverán a votar. El conductor de las juventudes del Pro santafecino es el ejemplo más claro de las internas del oficialismo. Los timbreos ya no muestran sonrisas o indiferencia, sino caras avinagradas o simplemente los sacan a los gritos e insultos. Ya sucedió en Ensenada, pero no en forma exclusiva. La mirada sobradora de muchos dirigentes de Cambiemos enfermos de soberbia y desprecio, no logran infundir la confianza que tenían hace 16 meses atrás.

    Vamos hacia el abismo, puesto que sin producción, no hay país que sobreviva. Ya en sus últimos días Bartolomé Mitre abjuró de su credo liberal que tantas muertes y males causó todo el largo tiempo en que trató de imponerlo. Los tiempos históricos no se pueden manipular y ese el gran error que por ignorancia suprema de los capitostes de Cambiemos nos conducen a un callejón sin salida.

    La UCR se encuentra en manos de ineptos que de hecho renuncian a la historia de su propio partido, o directamente no la conocen siendo comparsas de una coalición en donde las grandes corporaciones y los bancos “cortan el bacalao”.

    Los disidentes se afirman en una realidad tangible que poco a poco van ganando prosélitos. Un profesor del secundario nos decía: Si Ud. tiene una teoría sobre lo que debe ser la realidad y ésta no se corresponde, cambie la teoría, la realidad no se puede cambiar. Esos que fueron a la Universidad y que por ese solo hecho se creen que lo pueden y saben todo, están en un estado psicótico delirante sin retorno. Aquí cabe el aforismo: los hombres cuanto más instruidos, menos saludan, no se bajan del pedestal de su inmadura ignorancia, ignorada por ellos mismos. En la sociedad occidental y cristiana se puede vivir sin creer, pero no sin crédito. Y al país se le está acabando el crédito, lo mismo que la paciencia a los de abajo, que antes tenían trabajo, la heladera llena y algún gusto se daban. Ahora, no tienen trabajo, no se dan un gusto y la heladera está casi vacía.

    ¿Cuánto cree Ud. que se puede vivir, sin crédito y sin comer? Mientras se sigue sembrando vientos y las tempestades se aproximan.-

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