23 May. 2019 | 15:54
23 May. 2019 | 15:54
Bitácoras bonaerenses

Macri y la marca personal sobre Vidal: recelos y disciplinamiento

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  • Las versiones del “Plan V” ponen nervioso al jefe de Estado. Desde que le negó a la gobernadora adelantar las elecciones provinciales, se pegó a la figura bonaerense y de paso demostrar su autoridad y eliminar cualquier tipo de duda sobre su candidatura.

    Miradas. María Eugenia Vidal y Mauricio Macri.
    Miradas. María Eugenia Vidal y Mauricio Macri.

    “Macri es el jefe, no es un líder”, resume en voz baja un miembro del PRO que deambula por los pasillos de la política bonaerense. Esa confesión, que no es un secreto para nadie, se plasmó esta semana en una escena que dejó en claro cómo es el formato de poder que ejerce Mauricio Macri. En medio de una vendaval de rumores, versiones y hasta conjeturas, el “Plan V” (Vidal candidata a presidenta en reemplazo de MM) llegó a su pico máximo, cuando el propio jefe de Estado tuvo que salir a dar una demostración de fuerza (¿o de debilidad?). Desde Entre Ríos, en conferencia de prensa en transmisión directa vía Youtube, y en vivo por varios canales de noticias, espetó: “(María Eugenia Vidal) es tan buena que la queremos poner en todos lados, pero ella tiene que ser candidata a gobernadora”. El disciplinamiento público no tuvo la explosión que en otros tiempos hubiera significado un ordenamiento presidencial público hacia quien gobierna la provincia de Buenos Aires. Esas viejas rencillas son parte de la tirante relación que existió entre Nación y Provincia, desde la fundación de La Plata en 1882, después de que la Ciudad de Buenos Aires fuera declarada Distrito Federal y se separara del resto de la provincia. En los últimos años, la política contemporánea puso en foco la relación chispeante y de permanente disciplinamiento público que mantuvieron el exgobernador Daniel Scioli con Néstor Kirchner Cristina Fernández. El karma bonaerense.

    María Eugenia Vidal es “una soldado fiel”, así la definen desde su círculo político más íntimo. Desde que se sentó en el Sillón de Dardo Rocha el 10 de diciembre de 2015, “Mariu” siempre trató de marcar una gran diferencia entre lo que fue la “mala” relación que tuvo Scioli con Néstor y Cristina, y la que ella mantiene con Macri. “Somos un mismo equipo”, repite la gobernadora. Y, dato no menor, también repitió muchas veces que “no quiere usar la provincia” como trampolín hacia una carrera presidencial. Algo que, más allá de las diferencias de criterio que hubo en Scioli y CFK en sus momentos más tensos, fue el punto nodal de la fría relación que mantuvieron ambos exgobernantes: los deseos anticipados del exmotonauta de ser candidato a presidente. Vidal intentó marcar esas diferencias, aunque ahora, paradójicamente, son las mismas por las cuales la relación con Macri pasa a tener disciplinamientos públicos, como en los mejores momentos de Cristina. El laberinto de MEV es complejo, muchas veces salió a bancar y pedir la reelección de Macri, y al mismo tiempo negar que aspire a una carrera presidencial. Incluso, en los altos despachos de la gobernación en La Plata aseguran –fuera de micrófono– que descartan una candidatura presidencial de la mandataria bonaerense. Nada sirvió. Las presiones de varios sectores del PRO y de Cambiemos, y parte del llamado “Círculo Rojo”, hacen que las negaciones de Vidal no tengan el efecto deseado y que su suerte, sin quererlo quizá, sea la misma que la de Scioli: padecer los destratos lanzados por la figura presidencial. Calamidades similares.

    Está claro que en la política cuando se a ser gobernante, las desconfianzas comienzan a ganar protagonismo. El Sillón de Rivadavia parece generar un efecto aislante en el presidente de turno. Macri y su poderoso jefe de Gabinete, Marcos Peña, siempre dudaron de la idea de Vidal de desdoblar las elecciones bonaerenses, y desconfían –desde 2016– de la “forma” de hacer política que tiene la gobernadora (su relación con Sergio Massa y el peronismo, sobre todo). Es por eso que, tras negarle la posibilidad de adelantar los comicios, Macri comenzó a hacerle a Vidal una marca personal, de la mano de que las versiones sobre el “Plan V” crecieron en forma de artículos en los medios periodísticos. Macri no sólo aumentó la cantidad de actos que comparte en la provincia con la gobernadora, sino que bajó línea puertas adentro, para evitar cualquier duda interna sobre quién es el candidato presidencial. El lunes 11 de marzo, Macri desembarcó en La Plata para encabezar una reunión de gabinete ampliado de Vidal, sus ministros y legisladores bonaerenses. Dos datos no tuvieron la expansión que deberían haber tenido. Según pudo reconstruir ANDigital, Macri “pidió bancar a Vidal, agradeció el apoyo a ella y pidió que la apoyen en la nueva etapa que va a encarar en la gobernación”. Toda una bajada de línea coyuntural. Pero, por si fuera poco, el jefe del PRO apeló a sus clásicos chistes para demostrar quién manda. “Yo hice a esta pendeja gobernadora y a un pelado jefe de Gobierno porteño”, dijo, en tono gracioso, ante las leves y obligadas sonrisas de los presentes. El disciplinamiento a puertas cerradas.

    “Vidal es la empleada, Macri es el jefe”, dice con algo de maldad un importante armador del peronismo bonaerense. Sin embargo, esa chicana no está tan alejada de la realidad. En el mundo PRO se sabe cómo es la forma que tiene “Mauricio” para dirigir la tropa, de acuerdo a su idiosincrasia de clase en la cual creció. A Vidal le pesa su origen, en un partido formado por Macri y sus amigos los “Newman boys”. Ella, una chica de clase media, nacida en el barrio porteño de Flores, que empezó repartiendo volantes para ese espacio y a quien la élite macrista siempre observó con desconfianza, con prejuicio. ¿Vidal está presa de una pretensión presidencial que no busca o que inconscientemente desea? La respuesta tardará en dilucidarse con verdadera certeza. Mientras tanto, su suerte está atada a Macri, el salvavidas de plomo electoral. A medida que llegan las encuestas a la calle 6, ven cómo la candidatura de Vidal pegada a una boleta de Macri, puso sobre la mesa un escenario tres meses antes impensado: perder las elecciones para la gobernación. Y para sumar paradojas a su andar, pese a esa calamidad y a ser disciplinada en público, Vidal es usada por el PRO para hacer campaña con candidatos de otras provincias (Neuquén, Tucumán, Entre Ríos, entre varias otras). Para la frutilla de este postre en mal estado, la mandataria también padece los enroques económicos que vienen desde Nación. De la “asfixia económica” que padeció el “rebelde” Scioli, a la “variable del ajuste del FMI” que sufre la “fiel” Vidal. Al final, la suerte de los gobernadores bonaerenses no cambia y siempre termina bajo el mismo molde.

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